Ocurre algo curioso cuando comparas el coste de ciertas cosas. Por ejemplo una habitación de hotel sencillo cuesta 300 rupias la noche pero si pides un café en el mismo hotel te cobran 100 rupias, es como si en España te cobraran 50€ por una noche de hotel y 15€ por un café. Y si pides un Dahl Bat te cobran 140 rupias (plato de comida típica) y si pides una cerveza te cobran 160 rupias, curioso ¿no?
Al parecer hasta hace unos meses y según me cuenta un amigo el café no existía aquí, los lugareños no lo toman solo los que quieren parecer más europeos o modernos.
Hoy ha sido un día entretenido. A las nueve de la mañana he desayunado en mi Café favorito, zumo de naranja, café y brownie. Luego me he ido con Suraj a su escuela. Hoy era el día en que los niños hacen ofrendas a la diosa de la enseñanza Sarasoti. Hemos salido en grupos de quince y cada grupo iba a un templo diferente, los niños traían de casa una bandejita con polvos rojos, arroz, dulces y una especie de mecha- vela. Hemos llegado con los mayores a uno de los templos y allí uno a uno ha hecho su ofrenda. Es una caseta embaldosada por dentro con azulejo blanco, y completamente sucio. Aquí la suciedad es algo que parece no molestar. A Sarasoti le gusta el blanco y en las imágenes siempre aparece vestida de blanco. Este ritual lo hacen una vez al año.
He visto que uno de los niños iba completamente de blanco y me ha extrañado mucho pues normalmente todos los alumnos llevan uniforme. Según me cuenta Suraj su padre murió hace poco y tiene que vestir de blanco todo un año y no comer tomate. Con lo difícil que es aquí mantener una prenda blanca. A continuación hemos regresado al colegio y nos han ofrecido comida. Comen a la una, entran en las clases y un profesor distribuye un trozo de papel de periódico a cada alumno, hace las veces de plato. Luego otra profesora con una gran bandeja metálica les pone un cucharón de Helan, una especie de crepe y patatas salteadas. Yo también he recibido mi ración y estaba todo buenísimo. Los niños comen sin hacer ningún asco, ruido o mueca extraña. Todos comen en silencio y sonrientes.
Los de trece años me han pedido que les hable de España, de mi y que les contara una historia. Les he contado la leyenda de Sant Jordi y lo que hacemos el 23 de abril en Cataluña. También han querido que les enseñara español así que con mucho gusto les he dado una pequeña lección, les ha encantado y lo escribían todo en su libreta.
Es una escuela muy sencilla, de tres plantas, construida con ladrillos, sin rebozar, las escaleras no tienen barandillas y las ventanas son simplemente una apertura, no tienen marcos ni cristales. Cada mañana al llegar a la escuela los niños se alinean en filas en el patio y hacen unos minutos de gimnasia antes de dirigirse a las aulas.
Por la tarde he visitado a mis amigas Kolpana y Matina y les he pedido que me acompañaran a comprar un sari rojo para mi madre. Kolpana ha negociado pero como era para mí, la extranjera, el comerciante no ha bajado mucho el precio. De todas formas he comprado un precioso sari rojo con bordados en hilo dorado. Después hemos tenido que ir a la costurera para que nos hiciera el top. Hemos entrado en un cuarto pequeño donde una joven cosía a máquina. Me ha costado mucho que entendieran las medidas de mi madre, y se reían pues no entendían como podía ser tan grande y gorda. En realidad no lo es pero al lado de ellas lo es sin duda.
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