miércoles, 1 de julio de 2015

De camino al templo Namu Buda

Estoy en Bhaktapur. Esta mañana me he despertado a las seis, al son de los gargajos de mi vecino el de la 108. Son dos indios y han empezado a hablar y gritar como si estuvieran solos en el hotel. Han iniciado el ritual de higiene tan común aquí; es un aclarado de garganta que dura entre seis y diez minutos. De hecho es un ritual que repiten cientos de veces al día.

Los newar aquí en Bahktapur se despiertan muy temprano, entre las cinco y las seis de la mañana, hacen sus gargajos, desayunan arroz y se van a trabajar. Lo curioso es que a esas horas hablan mucho y muy deprisa, me pregunto que tendrán que explicarse si se acaban de levantar!

Me gustaría explicar mi aventura de ayer de camino a Namu Buda. Según los consejos de mi amigo Tejmani me levanté a las seis y cogí el autobús de las seis y media para Dulikel. Tejmani dice que a esas horas se ven más cosas, lo que no sabe es que cada mañana hay una niebla tremenda que no te permite ver gran cosa y lo peor es que se mantiene durante el día. Es un efecto extraño, hace mucho sol pero las montañas parecen estar cubiertas por un gran velo blanco.
A las siete y media estaba en Dulikel, como de costumbre los diablillos del autobús que cobran los billetes no me devuelven el cambio, como para ellos unas rupias marcan la diferencia no protesto pero me los quedo mirando unos segundos, el problema es que nunca llego a saber el precio real pues no les entiendo. Normalmente les doy un billete de diez rupias y si protestan les doy otro de cinco.

Al llegar a Dulikel he buscado donde tomar un café. No es un lugar donde llegan los turistas así que los bares que hay son para lugareños y cuesta distinguirlos. Entro en uno y pido shell y te, el shell es un rosco grande como de pasta de churro que está bastante bueno. La señora del bar parece estar de mal humor, me mira mal, dice algo al resto de comensales y se va. Aquí cuando pides algo parecen no entender, pero a la media hora vuelven con lo que has pedido, es solo una cuestión de paciencia. La señora regresa con un té y dos shells churrascados completamente negros e incomestibles. Me tomo el te, ella me mira desde los fogones, yo, mal dormida y peor despertada le digo: este shell no está bueno. Se acerca, lo toquetea con las manos y se va.

A continuación recorro el pueblo y me dirijo al inicio del sendero en dirección a Namu Buda, un monasterio budista  lugar de peregrinación para los tibetanos. De camino me llama Sudip, un joven presuntuoso que había conocido la noche anterior en el Black Coffee Cup y que se había ofrecido a enseñarme la región. Como era un amigo de Prakash no pude negarme. Pero esta mañana lo único que quería era caminar sola y no ser el entretenimiento de nadie. Quedamos en comer juntos por la tarde.




No hay comentarios:

Publicar un comentario