jueves, 28 de mayo de 2015

La familia de Suchin

Hoy ha sido demasiado intenso. A las ocho y media he ido a buscar a Suchin y me ha llevado a su casa para que me instalara allí. Es una antigua casa newar, hemos atravesado un pasadizo que da a un patio interior donde hay un pozo y un pequeño templo donde los vecinos cuando se levantan hacen sus ofrendas. Hemos subido unas escaleras estrechas y empinadas completamente a oscuras, en el primer piso el techo era tan bajo que no podía ponerme de pie. Hemos entrado en una habitación donde estaba la abuela y me la ha presentado, estirada en la cama me ha sonreído..
He conocido también al padre y a la madre, una bella mujer de unos cuarenta y cinco años. Mi nueva habitación es grande con telas en el techo y una alfombra grande en el suelo, un camastro y un baúl que hace las veces de armario y de mesita de noche. Me cuesta entender como gente tan educada y bien vestida vive en un lugar tan humilde.
A continuación hemos ido a la casa de comidas del padre Bal Krisna. Ataviado con el traje típico newar: un pantalón blanco ancho y una túnica encima con un gorro tipo turco, de colores.  Se trata de un comedor para lugareños, entro en la cocina, está oscura y es muy sencilla, hay dos fogones con grandes ollas, una mesa llena de fuentes con comida. me ofrecen sopa de verdura y té, todo delicioso.
Después he salido a pasear y a las seis de la tarde vuelvo al Black Coffee Cup donde el dueño me invita a cenar. Hay una fiesta. Me lleva a otro restaurante con su familia, dice que está contento de que me guste tanto su bar. Nos dirigimos a un restaurante de tres pisos con terraza en el último, Beer Garden, es muy elegante, con luz, buenas mesas y sillas. Nos sentamos y nos traen unos platos de ensalada picante y pollo, Dal Bat Takani, la comida típica newar, arroz, sopa de lentejas, ensalada dulce de coco y magrana, crema de guisantes y cordero estofado. Todo está delicioso.
El dueño cuyo nombre desconozco, me enseña todo el restaurante, su familia está comiendo en la terraza, me los presenta a todos, soy como un invitado de honor. Los hombres están sentados separados de las mujeres. En Nepal las mujeres carecen de derechos.
He conocido a Sunita de dieciocho años y Rabina de trece, tienen mucha curiosidad y no paran de hacerme preguntas en un inglés excelente.






lunes, 25 de mayo de 2015

La vida en el valle y el templo Siriyana y el templo Chanju Narayan

Hoy he caminado siete horas, tres por la mañana y cuatro por la tarde. He desayunado en el Black Coffee Cup y he ido a visitar un templo llamado Siriyana donde van los recién casados y las mujeres que tienen hijos con problemas. La caminata me ha sentado muy bien, he pasado por campos cultivados y me he cruzado con familias cargadas con fardos de leña, escolares, familias construyendo su propia casa, todos me miraban al pasar.

A la una y de vuelta al hotel he descansado un poco, a las dos había quedado con Suchin para ir a Chanju Narayan. Hemos tomado la carretera principal que va de Baktapur al templo, esta carretera atraviesa campos y fábricas artesanales de ladrillos. El proceso es simple, obtienen una tierra gris parecida al hormigón pero más fina, rellenan unos moldes en el suelo y luego los ponen a cocer en unos hornos muy sencillos, son unos montículos pequeños donde van alimentando el fuego y sacando los ladrillos una vez cocidos. He contado unas siete chimeneas, todas humeantes.

El camino está flanqueado por pequeñas casitas sencillas de ladrillo rojo, cada una con un búfalo o una cabra en la puerta, niños jugando con sus abuelos y las mujeres lavándose el pelo en plena calle. La mujer newar no parece ser muy recatada, se lava en público, en la puerta de su casa con la ayuda de un barreño de metal lleno de agua, se cubre con una especie de pareo justo por encima del pecho, y tranquilamente enjabonan su larga melena negra, los brazos, los pies. Desde luego no tienen el mismo pudor que una mujer europea. Viven tan cercanos a la naturaleza, quizá los españoles en los pueblos de los años 50 también vivían así. Sin embargo, los hombres no parecen prestar atención a estos rituales femeninos, qué extraño. Será que tienen un concepto de la intimidad diferente. Me pregunto cómo deben de ser las relaciones de pareja. Si pienso que son los inventores del Kama Sutra quizá estén mucho más adelantados que nosotros. La mayoría de templos newar incluyen escenas del Kama Sutra esculpidas en madera.

Suchin y yo hemos hablado mucho por el camino, para sus veinte años es un gran conversador, a la vuelta nos hemos cruzado con un vendedor de helados de leche de búfala y Suchin me ha comprado uno, riquísimo!!
Por la noche y tras descansar de mis siete horas de marcha he atravesado mi plaza favorita Taumadi Tole para ir a cenar al bar de Suchin. La ciudad hoy estaba la mitad a oscuras y la otra mitad iluminada, cosas de aquí, al parecer hay dos líneas eléctricas que alimentan la ciudad, y cuando una falla funciona la otra, nunca parecen funcionar las dos a la vez.
En el café se me ha presentado el que me ha vendido los sellos por la mañana, hemos hablado un rato, el hombre tomaba agua caliente, los lugareños la toman para aliviar la nariz, limpiarla del polvo y de la contaminación.  Me ha preguntado si estaba cansada y le he respondido que no, y al rato me ha dicho si quería ir al cine con él a ver una película Bolywood. Me lo ha repetido tres veces, no le he respondido he hecho como si no lo hubiera oído. Su presencia empezaba a incomodarme, es un hombre casado, qué le ha hecho pensar que yo podría aceptar su invitación? Estaba deseando que se fuera, pero he decidido hacerlo yo, al levantarme él también quería irse así que le he hecho un gesto a Suchin, quien estaba atento a la situación y se ha ofrecido para acompañarme a casa.  Es todo un caballero, me llama "Madam", claro para un nepalí, yo con cuarenta años soy toda una abuela. Le he dado permiso para que me llame Marta pero no hay manera, me llama Marata, María, Mora.

En la calle grupos de familias se sientan bajo los porches o junto a un templo y cantan, tocan música, golpean una especie de recipientes metálicos que producen un sonido muy agradable. Suchin me explica que están cantando a los dioses, Visnu, Shiva, Ram y Ganesh. Esta ciudad es encantadora. Al final he aceptado la oferta de dormir en casa de sus padres y mañana me trasladaré a la habitación de su hermana. Dice que la abuela se ha puesto a reir cuando se lo ha dicho, a saber lo que piensa...Suchin me cuenta que la hospitalidad aquí es muy importante y que no van a pensar nada raro de mi.



Por fin he hablado con ellos!

Hoy es un gran día, estoy muy feliz y a la vez triste, emocionada. A las diez de la mañana me ha llamado mi amigo Suraj, hermano de Suchin. No nos hemos entendido mucho el sonido era muy malo, pero me ha dicho que ha recibido mi paquete, y me ha preguntado por el nombre de mi hija. Me ha dicho que viven en un descampado a las afueras de la ciudad, su casa, newar, donde yo pasé varias noches está destrozada, el comedor de su padre también, las escuelas también (él es maestro). No pueden trabajar. Le he dicho que estoy recogiendo dinero y que me diga donde enviárselo. Me ha preguntado si puedo ir...

Gracias a todos los que ya me habéis dado dinero para esta causa. El próximo envío quisiera hacerlo a esta familia. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Baktapur

                        He cambiado de habitación, ahora me alojo en u
n hostal Potala Guesthouse en Tamel, la habitación está limpísima, tengo agua caliente a veces, el dueño es un hombre muy culto y amable, y tiene un precio inferior a la suite de luxe que hasta ahora. tenía

Hoy he llegado a Baktapur. Acabo de entrar literalmente en la Edad Media nepalí. Me he alojado en un hotel pequeño por 300 rupias la noche, pero ya no me molesto en pedir habitación con baño pues como no los limpian tanto da compartir o no. Por cierto he descubierto porqué mi anterior hotel estaba tan sucio. La señora de la limpieza es una mujer de avanzada edad vestida con el traje típico de su pueblo, probablemente perdido en las montañas, pues la mujer tiene un aspecto completamente remoto. Esta mañana antes de cambiarme de hotel la he encontrado haciendo algún tipo de ritual con un manojo de hiervas en la mano a modo de plumero y de escoba a la vez. Primero rozaba el suelo y luego levantaba las hiervas hacia arriba, rozaba, levantaba, como si escampara espíritus y pasaba del suelo a la cama, la mesita de noche, la lampara o el váter, todo con las mismas hierbas.


Baktapur merece sin duda dos o tres días, incluso una semana si se viene de la estresante Katmandú. Es realmente una joya histórica, la mayoría de edificios son de arquitectura newar, están bastante bien conservados; tienen un porche con tres puertas que hacen de entrada a la case y es donde se instalan los comerciantes con sus mercancías o los lugareños para charlar, jugar al ajedrez o descansar. Se respira paz por toda la ciudad, la gente está activa pero sin prisas. Las mujeres sacan agua de una fuente , otras lavan la ropa en la calle, los niños uniformados van al colegio.


Acabo de encontrar un bar que tendrá mucho éxito: las mesas dan a un patio interior, están limpias y el café es excelente, en el patio hay otro salón con sofas y mesas bajas al estilo chill out urbano de cualquier capital europea, se llama Black Cup Coffee Bar. Hace tres meses que está abierto, y se encuentra en Inacho-6, en dirección a Tachupal Tole. Allí he conocido a Suchin y me ha invitado a su casa, me ofrece la habitación de su hermana porque ella ahora vive en Australia.
He paseado todo el día por esta bella y tranquila ciudad. Son las siete de la noche, no se ve nada pero las calles conitnúan muy animadas. De las tres plazas que hay Taumadi Tole es mi favorita, es acogedora y por la noche hay puestecitos de pinchos y carne. También hay gente cantando y tocando un instrumento que suena como unas campanillas o cascabeles, no lo veo con claridad, todo está tan oscuro. Estoy en el bar de Suchin, insiste en que acepte la habitación de su hermana y se lo ha dicho a sus padres. No sé cómo decirle que es un poco extraño aceptar tal invitación. Suchin es un joven de veinte años, su padre tiene una especie de comedor público y su hermana estudia en Australia, deduczco que son de casta alta, bramanes?


Ha sido un día muy bonito e interesante, se me han ido acercando niños todo el día, me pedían un libreo para poder estudiar mucho en la escuela, lo curioso del caso es que son niños harapientos  y muy sucios que posiblemente no han pisado una escuela en su corta vida. Qué lástima. Es una bonita manera de pedir dinero. Los niños aquí son super dulces, con unos ojos negros que enamoran y una sonrisa que ilumina la más negra de las noches. También se me ha acercado Krisna, un guía de unos treinta años, me ofrece acompañarme a Changu Narayan por 300 rupias. Le he dicho que no pero se me ha vuelto a acercar más tarde y me ha dicho que no era una cuestión de dinero y que yo podía poner el precio.

La gente aquí vive en la calle, y no me extraña, las casas tienen ventanas muy pequeñas y cubiertas por una celosía de madera, el interior es muy oscuro.  Las mujeres se lavan el pelo y los pies en la calle, otras tricotan mientras venden su mercancía extendida sobre una alfombra o tela. Las calles de Baktapur son un intrincado conjunto de callejuelas muy concurridas. Todas las casas estan hechas de ladrillo rojo y madera oscura envejecida por los años, calculo que algunas tienen más de cuatrocientos años.

lunes, 18 de mayo de 2015

Patan

La vida aquí es muy barata, pero a menudo lo caro no es calidad, hay hostales que están mucho más limpios y cuidados que la mayoría de hoteles, y restaurantes para extranjeros que no siempre ofrecen buena comida, es mejor entrar en los pequeños comedores para lugareños, hoy he comido por 50 rupias, o sea, 50 céntimos de euro.
Mi día ha empezado a las ocho de la mañana, por la noche la luz volvió a sorprenderme y esta vez a la una y cuarto de la mañana. Tezmani me ha venido a buscar y me ha acompañado a la parada de autobuses. Me he subido a un minibús con quince personas más, un joven iba haciendo de "pusher" y a medida que entraba la gente los iba embutiendo en pequeños asientos, yo iba pegadita por no decir casi encima de un abuelo y su nieto. El trayecto atravesaba el río Bagmati, de repente un olor fétido ha inundado el autobús, he mirado hacia fuer y he visto que el río a parte de seco estaba lleno de basura, al parecer hace las funciones de basurero.

Al llegar a Patán he desayunado en un local donde tenían una gran variedad de pastelitos de todos los colores, me he conformado con dos grandes rosquillas y una taza de agua caliente, dulce y oscura, que parecía café. A continuación he ido caminando hacia el centro histórico de la ciudad, Durbar Square, y me he topado con una gran estupa toda cubierta de hierba, la pagoda de Asha Kota, parecía una gran colina, rodeada por los típicos molinillos budistas. En Nepal el Hinduismo convive con el Budismo, y las estupas y los templos hinduistas comparten espacio. He seguido calle abajo y me he ido tropezando con pasadizos que conducían a grandes patios con pequeños templos, de hecho son construcciones en ladrillo o piedra pequeñas y sin espacio en el interior, se ora frente a ellos no dentro. Suele haber un pozo con agua y cada templo tiene unas ventanitas en las que reposan sentadas una de las cuatro deidades hinduistas, llevan todas la frente pintada de rojo y cada nepalí que se acerca les mancha la frente con una pasta roja. En cada patio hay siempre gente, niños jugando, ancianos que casi tocan el suelo con la cara de tan encorvados que van y señoras que van y vienen con sus saris de colores. La mujer aquí es guapa a cualquier edad.

He llegado a la plaza principal, Durbar Square, una gran plaza llena de templos enormes, la mayoría de arquitectura Newar, ladrillo rojo y madera. También hay no octogonal y completamente de piedra. Tras pagar 200 rp por visitar la plaza he entrado en el Palacio Real y un guía a la espera

 de turistas ha empezado a hablarme en español, ha sido increíble no paraba de hablar a toda velocidad y en muy buen español. Se me ha ofrecido por 10€.
Lo más divertido ha sido cunado se me han acercado dos niñas de trece y cinco años pidiendome dinero. Yo les sonreía, hablábamos en inglés pero en cuanto han sabido que era española se han puesto a cantar la Macarena. Dale alegría a tu cuerpo Macarena....dale alegría a tu cuerpo Macarena...ay Macarena! Me he quedado sin habla, una cantaba y la otra bailaba. Hemos cantado la canción entera pero no les he dado ninguna rupia. No obstante antes de irse me han aconsejado que visitara el templo de Visna y no me perdiera los dibujitos del Kamasutra que hay esculpidos en las paredes de madera del templo.

He seguido paseando por otra calle que llevaba al templo dorado, había mucha gente haciendo cola y presentando sus ofrendas. Junto al templo había varias cabras echadas en el suelo y con cara de aburridas, o de resignadas, pues al parecer se sacrifican como ofrenda a los dioses.
Empezaba a estar cansada y de vuelta a la estación me he parado a comer en un bar local, de nuevo a oscuras y muy sucio, es lo habitual aquí, de hecho no usan detergentes porque no hay, pasan un trapo mojado y ya está. La cuestión es que ha sido todo un hallazgo pues he comido muy bien, dos empanadillas rellenas de verdura, una cocacola y un café muy aceptable, todo por 40 rupias (40céntimos).

He vuelto a la Pagoda de Asha Kota y de allí he decidido visitar el Zoo, ya estaba saturada de tanto templo. Es un zoo pequeño y no tiene mucho interés, a diferencia de lo que dice la guía Lonely Planet ya no hay ni Panda Rojo ni Tigre de Bengala, y no es de extrañar, se habrán fugado. Aquí las jaulas son pequeñas, algunos felinos parecen encarcelados. Una pena, uno de los felinos me miraba con una tristeza inmensa, he tenido la sensación de que me estaba hablando y diciendo: por favor, sácame de aquí. También he visto monos, leopardos, hienas, rinocerontes, búfalos, renos y un elefante con silla para que la gente se subiera a su lomo. Pero lo más interesante del zoo era la gente, tan variada, en razas, en vestimenta, con la piel muy curtida por el sol, parecían venir de lugares muy remotos, y no paraban de reír y de hablar.

domingo, 17 de mayo de 2015

Durbar Square

Llegamos a Durbar Square donde tengo que pagar para visitar la zona, no hay vallas, es un recinto abierto pero alguien uniformado se me acerca con un talonario en la mano. Son todo templos antiquísimos de ladrillo rojo y madera, cuento también doce vacas que se pasean tranquilamente en medio de tanto tumulto, rodeadas a su vez por cientos de palomas. Empiezo a despertar pero no me cuesta esfuerzo asimilar todo lo que veo, es mi primer día. Visitamos una especie de palacio hecho de madera, me explica Tezmani que toda la madera procede de un solo árbol, me cuesta imaginar un árbol así ya que el templo tiene el tamaño de un país pequeño! Tomamos café en un bar al que se sube por una escalera oscura, el interior está a oscuras y no consigo ver las mesas, poco a poco me hago a la oscuridad y veo una chica que se acerca con dos vasos.

Seguimos hasta otro monumento; una torre blanca con forma de faro o minarete. Subimos, hay 264 escalones, la vista desde lo alto es magnífica; se ve todo Katmandú, un amasijo de bloques de pisos y casas con tejado de chapa. El cielo está cubierto de una nube blanca y densa que no permite ver el horizonte, hay demasiada contaminación. A continuación visitamos un mercado donde las tiendas están completamente vacías, Tezmani me lleva a un puesto de móviles para comprarme uno y tenerme siempre localizada....sigue las órdenes de su primo Puspa, mi amigo en Barcelona.


Es mediodía y me lleva a un restaurante nepalí. De nuevo entramos en un lugar oscuro, veo unas mesas, me siento en la primera a tientas hasta que poco a poco mis ojos se acostumbran a la oscuridad y descubro una familia sentada a nuestro lado. Comemos una tapa de carne y otra de arroz tostado con una carne especiada y realmente buena. Tezmani me pone al corriente de lo que puede interesarme, planeamos una ruta para los próximos días. Se ha hecho tarde y volvemos caminando al hotel. Tengo ganas de ducharme.

Por cierto, la gente me mira bastante pues no hay apenas turistas, rubia y con ojos azules, me miran como miro yo a los monos cuando voy al zoológico, se ríen, y los niños me acarician el pelo. Junto a la torre blanca he conocido a una familia originaria de algún lugar remoto por la vestimenta y los rasgos, llevan vestidos muy vistosos y el padre anima a su hijo a que me pregunte que cómo estoy, les hago fotos, posan contentos. Se despiden con un Namaste. Esta palabra sirve para decir hola y también adiós.


Lo que no me está gustando es el té, qué decepción, es suave y le ponen demasiada leche que es de búfala y sabe distinto. Por la noche se ha ido de nuevo la luz a las ocho, así que he decidido ir a cenar. Primero me he aventurado a entrar en un restaurante para nepalíes pero no me han hecho mucho caso y al final me han dicho que estaba cerrado. A la vuelta de la esquina de mi hotel hay una pizzería para turistas, he entrado y he pedido una ensalada de verduras con especias. Me han traído zanahoria rallada y cocida junto a una bola de arroz y más zanahoria cortada a rodajas y también hervida, para acompañar tal suculento plato me he tomado una cerveza que aquí son de litro. Al cabo de diez minutos ya había acabado, de repente ha aparecido un extranjero, ha pedido una pizza y se ha sentado. Me he acercado y le he preguntado si le importaba que compartiera su mesa. Estaba dispuesta a experimentar por tal de no volver al hotel cochambre tan pronto. Era un noruego que llevaba en Nepal seis meses, creo que estaba borracho o bajo los efectos de una medicación fuerte. Hemos intentado hablar y compartir opiniones pero tras su segundo y estruendoso eructo me he despedido y me he ido. Parecía un ser sin alma.




viernes, 15 de mayo de 2015

Katmandú

                 La primera impresión al entrar en la ciudad es de susto. Los coches circulan en todas direcciones de manera totalmente anárquica, motos y bicis se cruzan constantemente; no hay carriles ni semáforos y la gente cruza la calle a trozos, es decir, a medida que encuentran medio metro libre. Los coches tienen el volante a la derecha y con una mano lo mueven y con la otra tocan el claxon. Mi taxista lleva un pequeño Suzuki con una alfombra sobre los asientos traseros, es bastante cómodo. El conductor tiene rasgos tibetanos. 
Mi amigo Puspa me había reservado una suite de luxe con TV en un hotel del centro en el cual se aloja cada vez que va a Katmandú. Tiene agua caliente, mucha suciedad y luz a ratos. El hecho de que no haya luz es una bendición pues así no veo lo que no debo ver. El lavamanos está junto a la ducha, hay un manojo de grifos y mandos a distintas alturas pero ninguno funciona, los abro todos y al cabo de unos segundos empieza a salir agua de uno de ellos. Como estoy a oscuras decido ducharme otro día. 


A eso de las ocho de la noche la luz se va y me quedo en la más profunda oscuridad, son las 3 de la tarde en Barcelona y claro, a esas horas no puedo pegar ojo. A tientas encuentro mi móvil y lo uso de linterna, veo un trozo de vela y la enciendo y pienso en cómo hacer sueño. Fuera, en la esquina de enfrente están celebrando una fiesta, la música se escucha como si estuviera en la habitación de al lado, alternan Boliwood con Regueton, la mezcla es bastante buena, escucho la canción de "Me gusta la gasolina, dame más gasolina". Empiezo a aburrirme, intento leer a la luz de la vela y con tapones puestos consigo dormirme.


A las dos de la mañana se enciende la luz a traición y abro los ojos como platos, ya no tengo sueño, son las ocho de la noche en mi reloj catalán. Intento leer, luego cotilleo las instrucciones de la cámara y me doy cuenta de que he comprado tarjetas de memoria para otro modelo de cámara. La noche se me está haciendo larguísima y estoy deseando que sean las 6 de la mañana para levantarme y salir a desayunar. Me duermo del aburrimiento.


De repente llaman a la puerta, es Tezmani, el hermano de mi amiga Ganga. Sin darme cuenta he conseguido dormir cinco horas. Para no hacerlo esperar salgo pitando de la habitación sin ducharme. No sé porqué motivo empezamos a caminar a toda castaña embutidos entre gente, motos y coches. Tezmani parece tener prisa o es su manera de pasear.  Es un hombre adorable, de unos 32 años, comercial, me explica que tiene dos trabajos, es representante de una fábrica de ruedas de coche. Limpio y bien vestido me lleva  a la plaza Durbar pero antes nos sentamos a desayunar. Nos metemos en un bar chino donde solo sirven sopa de arroz y momos, que son como grandes empanadas rellenas de carne y verdura. Como sin hambre. 


Seguimos por la calle y veo la intensa mezcla racial. Cada cara es diferente, entre chinos, tibetanos, nepalíes. Es fascinante. Hay niños por todas partes danzando con los pies descalzos.

       Mi amigo Tezmani y su familia