La vida aquí es muy barata, pero a menudo lo caro no es calidad, hay hostales que están mucho más limpios y cuidados que la mayoría de hoteles, y restaurantes para extranjeros que no siempre ofrecen buena comida, es mejor entrar en los pequeños comedores para lugareños, hoy he comido por 50 rupias, o sea, 50 céntimos de euro.
Mi día ha empezado a las ocho de la mañana, por la noche la luz volvió a sorprenderme y esta vez a la una y cuarto de la mañana. Tezmani me ha venido a buscar y me ha acompañado a la parada de autobuses. Me he subido a un minibús con quince personas más, un joven iba haciendo de "pusher" y a medida que entraba la gente los iba embutiendo en pequeños asientos, yo iba pegadita por no decir casi encima de un abuelo y su nieto. El trayecto atravesaba el río Bagmati, de repente un olor fétido ha inundado el autobús, he mirado hacia fuer y he visto que el río a parte de seco estaba lleno de basura, al parecer hace las funciones de basurero.
Al llegar a Patán he desayunado en un local donde tenían una gran variedad de pastelitos de todos los colores, me he conformado con dos grandes rosquillas y una taza de agua caliente, dulce y oscura, que parecía café. A continuación he ido caminando hacia el centro histórico de la ciudad, Durbar Square, y me he topado con una gran estupa toda cubierta de hierba, la pagoda de Asha Kota, parecía una gran colina, rodeada por los típicos molinillos budistas. En Nepal el Hinduismo convive con el Budismo, y las estupas y los templos hinduistas comparten espacio. He seguido calle abajo y me he ido tropezando con pasadizos que conducían a grandes patios con pequeños templos, de hecho son construcciones en ladrillo o piedra pequeñas y sin espacio en el interior, se ora frente a ellos no dentro. Suele haber un pozo con agua y cada templo tiene unas ventanitas en las que reposan sentadas una de las cuatro deidades hinduistas, llevan todas la frente pintada de rojo y cada nepalí que se acerca les mancha la frente con una pasta roja. En cada patio hay siempre gente, niños jugando, ancianos que casi tocan el suelo con la cara de tan encorvados que van y señoras que van y vienen con sus saris de colores. La mujer aquí es guapa a cualquier edad.
He llegado a la plaza principal, Durbar Square, una gran plaza llena de templos enormes, la mayoría de arquitectura Newar, ladrillo rojo y madera. También hay no octogonal y completamente de piedra. Tras pagar 200 rp por visitar la plaza he entrado en el Palacio Real y un guía a la espera
de turistas ha empezado a hablarme en español, ha sido increíble no paraba de hablar a toda velocidad y en muy buen español. Se me ha ofrecido por 10€.
Lo más divertido ha sido cunado se me han acercado dos niñas de trece y cinco años pidiendome dinero. Yo les sonreía, hablábamos en inglés pero en cuanto han sabido que era española se han puesto a cantar la Macarena. Dale alegría a tu cuerpo Macarena....dale alegría a tu cuerpo Macarena...ay Macarena! Me he quedado sin habla, una cantaba y la otra bailaba. Hemos cantado la canción entera pero no les he dado ninguna rupia. No obstante antes de irse me han aconsejado que visitara el templo de Visna y no me perdiera los dibujitos del Kamasutra que hay esculpidos en las paredes de madera del templo.
He seguido paseando por otra calle que llevaba al templo dorado, había mucha gente haciendo cola y presentando sus ofrendas. Junto al templo había varias cabras echadas en el suelo y con cara de aburridas, o de resignadas, pues al parecer se sacrifican como ofrenda a los dioses.
Empezaba a estar cansada y de vuelta a la estación me he parado a comer en un bar local, de nuevo a oscuras y muy sucio, es lo habitual aquí, de hecho no usan detergentes porque no hay, pasan un trapo mojado y ya está. La cuestión es que ha sido todo un hallazgo pues he comido muy bien, dos empanadillas rellenas de verdura, una cocacola y un café muy aceptable, todo por 40 rupias (40céntimos).
He vuelto a la Pagoda de Asha Kota y de allí he decidido visitar el Zoo, ya estaba saturada de tanto templo. Es un zoo pequeño y no tiene mucho interés, a diferencia de lo que dice la guía Lonely Planet ya no hay ni Panda Rojo ni Tigre de Bengala, y no es de extrañar, se habrán fugado. Aquí las jaulas son pequeñas, algunos felinos parecen encarcelados. Una pena, uno de los felinos me miraba con una tristeza inmensa, he tenido la sensación de que me estaba hablando y diciendo: por favor, sácame de aquí. También he visto monos, leopardos, hienas, rinocerontes, búfalos, renos y un elefante con silla para que la gente se subiera a su lomo. Pero lo más interesante del zoo era la gente, tan variada, en razas, en vestimenta, con la piel muy curtida por el sol, parecían venir de lugares muy remotos, y no paraban de reír y de hablar.
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